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Las cerezas me saben a la torre

Cuando como cerezas me es inevitable pensar en la torre. Nunca he entendido porque le llamamos torre y, en cambio, me parece tan normal… Cuando era pequeña y hablaba de mi torre, mis compañeros de clase no lo entendían, “¿Pero… cómo tu torre? ¿Tienes una torre como las de los castillos? ¿Por qué le llamas torre?” Creo que alguna vez pregunté a mis padres por qué llamamos torre a la casa de mi abuela de Can Parellada, pero nunca obtuve ninguna respuesta convincente, ya que sigo sin saber el porqué.

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En la torre había un cerezo enorme que ocupaba gran parte del jardín, era un árbol con el que yo crecí, y crecieron también mis primos, incluso mis padres. En primavera, se llenaba de flores blancas y mi madre decía “Ya pronto cogeremos las cerezas.”

Unas semanas más tarde, el árbol se llenaba de puntitos rojos y hojas verde oscuro. Y ese era su gran momento, todo el mundo lo iba a visitar: mis tíos, mis primos, mis abuelos que tenían su torre unas manzanas más abajo en el mismo pueblo, mis padres, mi hermana y yo. Cogíamos escaleras y nos subíamos al árbol para acceder a las cerezas que estaban más arriba, incluso nos subíamos al bancal del huerto que estaba justo al lado para poder coger las cerezas de ese sector. Nos subíamos también en el árbol de al lado, y los menos valientes se subían a una banqueta o cogían las cerezas de más abajo. Empezábamos a llenar bolsas de plástico que luego vaciábamos en cajas. El primer empacho de cerezas lo tenías al ir comiendo mientras las cogías, aunque tus padres te decían a cada rato: “¡Pero no te las comas!”.

A mí me encantaba subirme al cerezo, aunque me daba un poco de miedo si subía muy arriba, alucinaba con cómo mi padre se subía a las ramas más altas, para mí inalcanzables. Él era el único de mi familia que subía tan arriba, el que cogía más cerezas, el que hacía las paellas y el más fuerte de todos, sin duda.

Nos traíamos cajas de cerezas a Barcelona, mis padres les daban a la vecina, y a algunos amigos y familiares. Y, aun así, teníamos cerezas por tres o cuatro semanas. Entonces no valoraba el hecho de poder saborear esas cerezas, las cerezas más dulces y ricas que he comido. De mayor, alguna vez he probado cerezas compradas, su gusto es incomparable al de las que cogíamos.

Escribo estas líneas mientras como cerezas del hermano pequeño de nuestro querido cerezo que ya murió hace unos años. Están igual de buenas, será que aún queda el espíritu de lo que fue esa bonita época.

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3 thoughts on “Las cerezas me saben a la torre”

  1. Que bonito, yo tengo las mismas vivencias pero en vez de cerezas eran guisantes, mis primos y yo llegábamos al cortijo de mi abuelo y arrasábamos, y nos íbamos al porche a comérnoslos todos juntos en familia … y también era una gran trepadora, pero trepaba en las higueras, me encantaba ir al pueblo los fines de semana. Es muy agradable que te evoquen momentos de felicidad, gracias!

  2. Quien tiene un pueblo, una torre, una casa de la abuela, un mas, un terreno, un bancal, un huerto… Tiene un Tesoro.

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