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Princesa guerrera

Mucha  gente no entiende la diferencia entre ser una princesa y ser una guerrera, no entienden que una mujer puede ser las dos cosas. Si una mujer muestra su lado luchador puede que sea juzgada como “marimacho”. Cuando una mujer tiene cuidado de que no salte su esmalte de uñas cuando se las acaba de pintar, puede que sea llamada “princesita”.

Me gustan los caballeros, pero no los machistas. Me gusta que cuando me inviten a cenar en un bonito restaurante me abran la puerta del coche (que bonito detalle que se ha perdido). Odio que cuando me dispongo a aparcar en un sitio un poco complicado me pregunten “¿quieres que lo aparque yo?”. ¿Me preguntarías eso mismo si fuera un chico? No lo creo…

Me gusta que me den la mano cuando me he caído al suelo para ayudarme a levantar. Odio que el entrenador de la clase dirigida del gimnasio diga mientras hacemos flexiones: “Las chicas pueden apoyar las rodillas en el suelo.”
¿Por qué las chicas? Yo hago flexiones sin apoyar las rodillas, porque soy una guerrera. Cuando aprendo algo nuevo en algún deporte siempre hay alguien que me dice: “¡Está muy bien lo que haces para ser una chica!”.

No estoy hablando de hombres machistas, sino de personas (hay muchísimas mujeres que lo son). Es evidente que la fisionomía de un hombre y una mujer son diferentes, que por genética, generalmente un hombre es más fuerte. Pero si hasta al hombre más flaco y pequeño no se le va a justificar por no poder realizar alguna hazaña, ¿por qué a una mujer sí?

Es cierto también que, en el campo intelectual, un hombre puede sorprenderse de que una mujer tenga más conocimiento. Hay hombres que no soportan que una mujer esté por encima de ellos en la jerarquía de su trabajo, pero si es un hombre (aunque sea idiota) no les importa.

No estoy generalizando, nada más lejos, solo me sorprende que exista este pensamiento en algunas personas, que no se haya erradicado por completo esta absurdidad de la sociedad.

Soy una tipa dura, como me dice mi amiga Paula. No por ese motivo soy marimacho, lesbiana, no sé arreglarme o soy menos sexy. Sé cómo patinar mejor que muchísimos chicos, sé cómo caerme y volver a levantarme. También sé cómo maquillarme y lucir un bonito vestido; me gusta llevar alguna joya bonita e ir a la peluquería de vez en cuando. Cuando iba a la universidad nunca me sentí por debajo de las posibilidades de ninguno de mis compañeros.

De pequeña, mis ídolos eran Xena, Buffy Cazavampiros y Catwoman. Gracias por regalarnos estos personajes que rompían con las princesas de Disney, que no necesitaban ningún príncipe azul o morado.

Soy fuerte e independiente. Soy una princesa guerrera.

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