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Don’t worry, be happy.

Por fin ha salido el sol tras varios días de lluvia. La gente pasea sonriente y los músicos callejeros vuelven a ubicarse en los paseos. He empezado a trabajar, por fin, ahora soy camarera y tengo que llevar un traje ridículo con una corbata lila; no me sienta nada bien. Hoy me ha salido un trabajo extra en un café, a cargo de la caja, una locura. Las opciones de cafés en Sydney, como en muchas otras cosas en este país, son demasiadas, son ridículas.
Después de cobrar incontables flat whites y skim lattes, he salido un poco desorientada, me he comido un sándwich que me ha preparado mi amiga brasileña antes de irme y me he colado en el baño de un restaurante pijo. He caminado un rato hasta toparme con la Opera House. Un césped perfectamente cuidado me estaba esperando para echarme una siesta. Me he quedado dormida por más de una hora, no era mi cuerpo el que necesitaba dormir, sino mi espíritu.
He despertado en un estado de ánimo un tanto bipolar, no sabría decir si estoy contenta o triste, si tengo ganas de quedarme o de irme.
Acabo de salir del museo contemporáneo que se encuentra mirando a la Opera House hace quince minutos. Salgo con la sensación de que lo que había ahí expuesto es totalmente efímero, es un arte insustancial y repetitivo. Es una recopilación de estilos que ansía tomar identidad, pero su identidad radica precisamente en eso, en la poca autenticidad que existe hoy en día. Intentamos buscar la autenticidad con ansia en los mercadillos de segunda mano, en los viajes a países con historia, en culturas que decimos respetar. Buscamos la autenticidad y exotismo en Spotify y en Google Imágenes. Esperamos que esos 70 dólares invertidos en una libreta con cubierta de piel nos hagan ser más auténticos.
Ya no me enfado con el mundo que me rodea, ni con la informalidad, ni con los mensajes que no se responden. Me siento… Me siento delante del puerto a ver el ir y venir de ferrys cargados de camisas y uniformes. Me siento a esperar que mi mente se sosiegue y piense con claridad. Me siento aquí escuchando una canción que está cantando ese músico callejero al que subestimamos y es el que nos saca una sonrisa diaria. Una canción que me está ayudando mucho en este viaje: don’t worry, be happy.

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4 thoughts on “Don’t worry, be happy.”

  1. Podrias contestar sinceramente si te pregunto si de verdad haces todos esos viajes? Porque yo me considerava un trotamundos pero en conparancion con tigo soy en pantalones cortos . Con todo mi respeto , accepta mi invidia …

  2. Nunca te canses de contar todas tus vivencias, porque con ellas nos haces un poco más felices a los que cómo yo, te leemos. Sigue soñando y haciéndonos soñar!!!

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